No es un buen día para escribir

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Letras quebradas silenciadas y torcidas

Que rebotan en ideas delirantes al unísono

Del alma que las crea

Se ha quedado sin coherencia

Ha creado barreras entalladas en inciertos

El paisaje de la ventana ha desaparecido

Después de todo la magia existe

Y tu mi amor, elegiste mal, pobre de ti

Pues he escogido un mal día para escribir.

 

Elia Santos

Diciembre 2019

Una familia y el campo

campesinos

Santos, un niño de ocho años de edad, flacucho y respingado con algunas pecas en el cachete más creo que era resultado de el sol ardiente que día a día le agobiaba con sus esplendorosos rayos en su jornada de trabajo, se despertó Santos como todos los días a las 4 AM, se enjugó la cara y las manos y con pasos arrastrados por la pereza se dirigió al cuarto, vio de soslayo la cama que aunque era dura y vieja resultaba más acogedora que meter sus pies en botas de cuero ya desgastadas por el uso constante de él y de tres niños anteriores que al estar aún en “buen estado” para usarse había tenido la suerte de heredarlas, miró a su hermanita de tres años que a pesar del ajetreo aún dormía plácidamente ¡Que poco le duraría!-Pensó. Había escuchado a su abuela decir que en un año ya se levantaría con las demás mujeres para ayudar con los deberes del hogar, era habitual que en medio de ese ritual de preparación se quedara parado ensimismado y absorto, una mano áspera y rígida lo sacó de sus pensamientos, sintió unas palmaditas en el hombro y reaccionando avanzó hacia afuera donde estaban las mujeres de su familia que  superaban en número a los hombres, ya habían sacado la primera tanda de tortillas, su abuela envolvió en unas mantas el almuerzo de los tres hombres de la casa; su padre, su abuelo y él. El desayuno transcurrió envuelto de palabras y risas, su abuela alegaba que en ningún un partido político  se podía confiar, que el pobre era arrastrado y engañado todo el tiempo, mientras que su abuelo junto con su padre imploraban que comenzara el tiempo de lluvia antes de lo previsto pues en unos días terminaban de arar la tierra y después de una humeante taza de café negro cada uno se levantó a coger sus respectivas herramientas, cogió un machete y un bulto de la mesa que era su comida, su madre gritó que no se les olvidara el agua para beber y así pronto caminaban los tres por las calle polvorosas, Santos detrás de su padre y abuelo, después de una caminata de cuarenta minutos llegaron al terreno que sembraban dos veces cada año. Cada uno se dispuso a trabajar, al cabo de una hora de trabajo vio como todos los días, niños cogidos de la mano de sus madres, limpios y uniformados caminar hacia la escuela, suspiro y continuó con su trabajo.

 

 

Elia Santos

Diciembre 2019

La voz

la luna y el sol

 

-Ten cuidado- una dulce voz me previno.

En amaneceres soleados y cielos azulados

Aún la escucho, con eco infinito

Me consuela y me abraza en las noches silentes

Y en la soledad me abraza.

En las tormentas como hoy

También la escucho

Cuando mi alma perturbada

Pierde su calma

También la escucho

Cuando la felicidad me acompaña

Desaparece por completo

Trato de escuchar y nada…

El pánico se apodera de mí y entonces…

La escucho.

 

Elia Santos

Nov. 2019

 

Amarillo

Y una noche llena de susurros

Desperté escuchando

Melodias de colores

Amores y emociones

¡Que las penas de noche

Han dejado de existir!

Me dijeron suevemente

Yo no creí, las sombras

Llevaban azotándome

Hacia tanto tiempo

Que le temia a las noches

Habia dejado de creer

Habia dejado de soñar,

Ahora reconozco el color blanco

Inclusive

El amarillo.

Elia Santos

Sept. 2019

Somos

Somos palomas blancas

Con plumas negras

Tratando de volar

De alzar vuelo

O volar más alto

De extender las alas

De romper el aire

Somos aves,

Ambiciosas de ver

En el suelo, a lo lejos

Nuestra sombra

Grande, majestuosa

Que cubra el sol

Que proteja al poblador

Que viaje de prisa

¡Somos palomas perdidas!

Elia Santos

Ago 2019

Vivir para vivir

Tener miedo a la muerte

Cuando nunca has vivido

Cuando te has escondido;

Bajo las hojas más secas

Te has ocultado de la lluvia

Y cuando el sol sale, caminas

Bajo tu sombra

No cambias de camino

Te acostumbras a doctrinas

Le das la espalda a tu voz

Que a gritos pide;

Libertad para soñar

Justicia por una opotunidad

Intrepidez para avanzar

Paz para reir.

Elia Santos

2019

Retrato de una cumpleañera

cumple

-Algo traman-pensó una niña, su abuela le había tomado las medidas y su madre había llegado con un paquete misterioso envuelto en papel café oscuro, pero nadie le decía nada, su hermana no hacía caso a su curiosidad y la niña seguía pensando.

Un día como cualquier otro, su mamá la bañó personalmente, la peinó y perfumó y sacó del armario un lindo vestido color mostaza, con un escote en forma de corazón en la espalda, ¡y no solo eso! también unas lindas zapatillas mostaza y calcetines mostaza «¡Lo más bello que una niña había visto en zapatos!»

-Hoy cumples siete años-dijo su madre cariñosamente. «¡Que sorpresa! ya hacía mucho no celebraba un cumpleaños» Como una princesa todos los miembros de la familia la felicitaron y por la tarde llegó Don Tavo el fotógrafo del pueblo para plasmar la sonrisa del cumpleaños número siete, mientras su madre afanada con un espejo por detrás para que también quedará plasmado el coqueto escote.

En celebración de mi treinta cumpleaños, dejo una memoria que vive en mi.

 

Elia Santos

7 agosto 2019

Andares

Andares lentos

Por caminos violentos

Las manos dentro

De bolsillos gastados

Y un reloj deslucido

Que ha marcado,

Quizá cientos de horas

Y de vez en cuando

Una parada…

Una mirada…

Un suspiro…

Andares lentos

Por caminos violentos.

Elia Santos

3 agosto 2019

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