Retrato de una cumpleañera

cumple

-Algo traman-pensó una niña, su abuela le había tomado las medidas y su madre había llegado con un paquete misterioso envuelto en papel café oscuro, pero nadie le decía nada, su hermana no hacía caso a su curiosidad y la niña seguía pensando.

Un día como cualquier otro, su mamá la bañó personalmente, la peinó y perfumó y sacó del armario un lindo vestido color mostaza, con un escote en forma de corazón en la espalda, ¡y no solo eso! también unas lindas zapatillas mostaza y calcetines mostaza «¡Lo más bello que una niña había visto en zapatos!»

-Hoy cumples siete años-dijo su madre cariñosamente. «¡Que sorpresa! ya hacía mucho no celebraba un cumpleaños» Como una princesa todos los miembros de la familia la felicitaron y por la tarde llegó Don Tavo el fotógrafo del pueblo para plasmar la sonrisa del cumpleaños número siete, mientras su madre afanada con un espejo por detrás para que también quedará plasmado el coqueto escote.

En celebración de mi treinta cumpleaños, dejo una memoria que vive en mi.

 

Elia Santos

7 agosto 2019

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El silencio y la soledad

reflexion la ventana del hospital

Era un pueblo árido, olvidado por los hombre, y según algunos pobladores olvidado también por Dios, ya nadie se atrevía mirarse a los ojos, mucho menos darse la mano, caminaban como autómatas al ritmo del silencio, tenían vergüenza de sus vidas.

¿Tiene ritmo el silencio? -Se preguntó Luis mientras observaba la tarde parsimoniosa número catorce mil novecientos de su vida, desde la ventana enmohecida llena de polilla de su pequeña sala, él había tenido la osadía de observar a cada persona de aquél mísero pueblo y escribía, cada palabra salía a cuenta gotas, mudo en el silencio de palabras sus manos contagiadas se entumecían, cada personaje de su obra no tenia voz ni estructura, cada tarde observaba la calle y al caer la noche cerraba tembloroso las páginas en blanco de su libro, siempre leyendo el titulo que tantos años le había llevado escribir; “El silencio y la soledad”

Elia Santos

2018

Agorafobia

agorafobia

Renato no era un hombre común, me refiero a que él hablaba cuando debía, observaba lo que le interesaba y expulsaba mierda por el culo cuando la necesidad lo ameritaba, ese fue su error; ser tan diferente, pues el hombre comúnmente expulsa mierda cuando habla, mira todo y nada, se devana en antojos para no pensar en la mierda que no sale… y así fue como Renato perdió el sentido de la vida ante los ojos de los demás y creó esa fobia social.

Lóbrego

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Al atardecer, como era costumbre, parada frente al fogón cruzó sus brazos hacia atrás, mientras esperaba el silbido del agua hirviendo, callada, en el silencio del viento escuchaba sus pensamientos, tan ácidos, agridulces, sombríos, era ella el alma más marchita que había presenciado y al mismo tiempo el alma que más ansiaba absorber, tenía un tinte negruzco que olía a nostalgia, toda su vida había olido a muerte, más ese día olía a vida, mi forma pútrida exhaló ese aroma tan suave, mientras le desprendía el alma sin culpas, la besé en los labios y alcé vuelo con ella.

Bloqueo

 

writer-blockTecleaba rápidamente para que sus dedos pudiesen volar junto con su imaginación; así lo hacía cada tarde, desde abril. Repudiaba el hecho de que el mesero le hiciera perder el tiempo cuando le llevaba el café y le brindaba una sonrisa. Pero cortés como era, le brindaba un gracias y una sonrisa también; sus dedos volvían a volar majestuosos. Hasta que un día las teclas se le confundieron y cuando leyó lo que había escrito, ¡nada tenía sentido!

 

Elia Santos

2017

Sinfonía

mujer_bajo_la_lluvia

Intentando escribir micro relatos.

 

Iba caminando lentamente sobre las calles empedradas, con la mirada hacia el suelo sin un pensamiento fijo. Observaba mis zapatos rojos y escuchaba la sinfonía que formaban los tacones con cada paso, de las gotas de lluvia al golpearlos y de las hojas de los árboles al mecerse con el viento.

El final de la sinfonía estaba cerca, ya podía escuchar sus pasos… Sus zapatos café se acercaron y cuando lo vi a los ojos, la sinfonía fue perfecta.
Era solo el comienzo.

 

Elia Santos

2017

Mi infancia

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Ante la víspera de Navidad y Año Nuevo, saqué mi libro viejo que contenía algunas grietas en su empaste. Sacudí el polvo produciéndome un estornudo, pero sin importar mis alergias, lo abrí ansiosa.

Era mi costumbre leerlo cada año en diciembre, cuando las gotas del rocío aún caen a las diez de la mañana, el cielo está opaco y el frío invita a acurrucarse. El aroma de pan y galletas recién horneadas inundan la casa entera, y en la casa vecina se escucha alboroto ante el intento de matar un cerdo.

Esa es la perfecta combinación para releer aquel libro de misterio infantil. Me pongo bien mis peludos calcetines de rayas multicolores y me acuesto en la cama superior del camarote. Poco a poco aquel aroma de pan, carne y bullicio se empieza a combinar con montañas nevadas, el miedo y el suspenso.

Elia Santos

2017

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