Otra vez gracias…

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¡Hola! ¿Qué tal? Había estado algo ausente por aquí, pero hoy me animé a subirles una recomendación de una pequeña antología de terror que pueden encontrar en Amazon No lo leas: Colección de pesadillas de Elia Santos es un libro corto que se hace paso entre esos sueños que nos hacen despertar con el corazón en la mano, a pesar de lo irracional que pueden llegar a ser. Son ocho relatos que van desde el fuego hasta almas en pena, que a pesar de ser temas muy recurrentes, tienen una esencia propia que hace que los otros relatos queden apartados y sólo nos concentremos en lo que tenemos frente a nosotros.  El estilo es bastante sencillo y ameno con un equilibrio justo entre descripción y diálogo, además que al ser corto, en ningún momento se vuelve tedioso. No obstante, lo que más me gustó de este libro es que la autora no intenta justificar las pesadillas como muchas veces lo hacen otros escritores, sino que respeta lo ilógico que tienen estos sueños y eso ayuda mucho a generar un cambio de ambiente alrededor del lector, haciendo imposible no quedar sugestionada ante el hielo, las sombras y la sensación de estar siendo observada. La reseña completa la podrán encontrar en el blog y si quieren más información pueden encontrarla en las redes de la autora @eliasantosblog ¿Les llama la atención? ¿Qué otras colecciones de terror conocen? ¡Les leo! Vale. #books #bookstagram #bookstagramchile #booklover #libros  #bookedit #bookworm #bookoftheday #reader #booklover #bookcommunity #instabook #bookpics #igbook #bookaesthetic  #digitalreading #ebook #libroenespañol #historiasdemiedo

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Madre

Y decirte que te veo, aún cuando duermo

Despertar y sentir que estás cerca cuando en realidad estás tan lejos

Tu recompensa no llega, y yo me he cansado de buscarla

Y aún así no te separas, eres amor infinito; un manantial que no acaba.

Te he llenado de versos, de preocupaciones y de abrazos

¿dónde estás corazón?

Aquí estoy ¿me escuchas?

Estamos lejos y más cerca que nunca

Madre, los lazos no se rompen cuando se han creado con el alma.

Elia Santos

Día del libro





Se vale soñar, tienes derecho a volar
Conocer el mundo entero
Tocar la nieve y probar lo salado del mar
Donde te encuentres lo puedes lograr
Basta con abrir el libro perfecto
y cada página quedará tatuada 
No en tu piel, sino en tus  recuerdos.

Elia Santos
22 de abril 2020

Autopublicación

Siempre le he tenido miedo a la autopublicación. Lanzarte solo, con un libro, puede resultar muy atrevido; pero teniendo experiencia con algunas editoriales de coedición, prácticamente es lo mismo. La única diferencia es que pagas una cantidad exorbitante de dinero, o te obligan a comprar cien de tus libros, cosa que no es tan  mala si tienes donde venderlos porque recuperas la inversión; pero si no lo haces, optas por regalarlos o guardarlos en cajas en algún lugar de tu casa.

Esta cuarentena a algunos nos está haciendo valientes. Me decidí y autoedité uno de mis manuscritos por Kindle publishing. Lo hice sola; no fue difícil pero sí un poco tedioso. En la misma web van dando los pasos a seguir.

Comparto esto porque estoy emocionada. No sé cómo va a ser el libro físico en tapa blanda; así que he encargado a mi marido que se compre un ejemplar para ver cómo es. Tiene fecha de entrega el seis de mayo. Les cuento después si llegó y bien y si lo maqueté bien.

Lo que más me gusta de esta opción es que yo le puse precio a mi libro y hay muchas opciones: el formato  en Kindle a un dólar, que puedes pasarlo a quince personas más, gratis; y el de tapa blanda a siete dólares. En las editoriales de autoedición son ellos quienes ponen el precio y es altísimo.

Quiero agradecer a mi amiga Saricarmen, porque ella fue un gran motor para que decidiera lanzar este proyecto que no sé cómo terminará.

Besos a todos,

Elia Santos

El mejor diario

Hace algunos años, era una preadolescente, conocí a una maestra jubilada, pasamos (mi madre, mi hermana y yo) un día frente a su casa, nos llamó con alegría, ella estaba frente a su casa, quiso el destino que ese día la encontráramos, no digo «conociéramos» en el pueblo donde crecí todos saben quién es cada uno. Así que entablamos una amena conversación, y la conversación nos llevó a los libros, nos hizo entrar a su casa ¡Era una coleccionista! nunca había visto tantas maravillas juntas, eran libros antiguos de pasta gruesa con ese olor característico a lignina.
Al ver nuestra emoción nos prestó unos cuantos, los llevamos a casa con mucha ilusión, los leímos; eran novelas hermosas, llenas de romance, aventura y sueños hechos realidad.
Desde ese día la visitamos a menudo, era una señora viuda y había perdido a su hija, vivía sola, era una de esas personas que nunca se olvidan, ella me regaló el libro que me salvo muchas veces del aburrimiento, la tristeza y la impotencia; me hizo soñar. Ese libro va conmigo a todas partes, desde que lo tengo en mis manos, es mi cómplice, un compañero y diario a la vez.

 

 

El mejor diario.

El visitante que no volvió

Llegaba dos veces cada año, recuerdo que siempre lo esperaba ansiosa, incluso algunas veces con curiosidad, y,  no es que deseara verlo,  la verdad era que no entendía mis sentimientos hacia él, algunas veces y más al principio sentía dudas, luego lo sustituí por miedo y al final, en su última visita, solo sentía indiferencia.

        Y así fue, como aquel visitante se quedó en el olvido, se volvió tierra seca, y , cuando hizo un viento muy fuerte, se disolvió en el aire.

 

 

Elia Santos

abril 2020

Tardes de lluvia

Cada tarde de lluvia nos veo a traves del tiempo, como si las gotas copiosas me transportaran a aquella tarde de lectura; libros van, libros vienen, nuestras mentes no se entorpecen a pesar del encierro, se vuelven ágiles, vuelan con ahinco, no se detienen, de vez en cuando, cruzamos unas palabras, comentamos lo leido, pero sin perder más tiempo nos perdemos cada una en su propia historia.

Y es lo que hacemos ahora, estamos inmersas en mundos diferentes, pero en esa misma tarde.

Elia Santos

Abril 2020

No es un buen día para escribir

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Letras quebradas silenciadas y torcidas

Que rebotan en ideas delirantes al unísono

Del alma que las crea

Se ha quedado sin coherencia

Ha creado barreras entalladas en inciertos

El paisaje de la ventana ha desaparecido

Después de todo la magia existe

Y tu mi amor, elegiste mal, pobre de ti

Pues he escogido un mal día para escribir.

 

Elia Santos

Diciembre 2019

Una familia y el campo

campesinos

Santos, un niño de ocho años de edad, flacucho y respingado con algunas pecas en el cachete más creo que era resultado de el sol ardiente que día a día le agobiaba con sus esplendorosos rayos en su jornada de trabajo, se despertó Santos como todos los días a las 4 AM, se enjugó la cara y las manos y con pasos arrastrados por la pereza se dirigió al cuarto, vio de soslayo la cama que aunque era dura y vieja resultaba más acogedora que meter sus pies en botas de cuero ya desgastadas por el uso constante de él y de tres niños anteriores que al estar aún en “buen estado” para usarse había tenido la suerte de heredarlas, miró a su hermanita de tres años que a pesar del ajetreo aún dormía plácidamente ¡Que poco le duraría!-Pensó. Había escuchado a su abuela decir que en un año ya se levantaría con las demás mujeres para ayudar con los deberes del hogar, era habitual que en medio de ese ritual de preparación se quedara parado ensimismado y absorto, una mano áspera y rígida lo sacó de sus pensamientos, sintió unas palmaditas en el hombro y reaccionando avanzó hacia afuera donde estaban las mujeres de su familia que  superaban en número a los hombres, ya habían sacado la primera tanda de tortillas, su abuela envolvió en unas mantas el almuerzo de los tres hombres de la casa; su padre, su abuelo y él. El desayuno transcurrió envuelto de palabras y risas, su abuela alegaba que en ningún un partido político  se podía confiar, que el pobre era arrastrado y engañado todo el tiempo, mientras que su abuelo junto con su padre imploraban que comenzara el tiempo de lluvia antes de lo previsto pues en unos días terminaban de arar la tierra y después de una humeante taza de café negro cada uno se levantó a coger sus respectivas herramientas, cogió un machete y un bulto de la mesa que era su comida, su madre gritó que no se les olvidara el agua para beber y así pronto caminaban los tres por las calle polvorosas, Santos detrás de su padre y abuelo, después de una caminata de cuarenta minutos llegaron al terreno que sembraban dos veces cada año. Cada uno se dispuso a trabajar, al cabo de una hora de trabajo vio como todos los días, niños cogidos de la mano de sus madres, limpios y uniformados caminar hacia la escuela, suspiro y continuó con su trabajo.

 

 

Elia Santos

Diciembre 2019